Individualismo

Uno de los tópicos que más se cuentan por esta zona es el de que los habitantes de los países del norte de Europa son fríos, grises y, sobre todo, individuales. Se dice que esto contrasta muchísimo con los del sur, que son más de compartir, más de sentirse en una comunidad, de ser solidarios, y todo eso. Sin embargo, con las noticias de los últimos meses, empiezo a ponerlo en duda.

Durante el primer confinamiento, se usaba el término “héroes” para describir a los ciudadanos que se quedaban en su casa. Héroe por acatar las prohibiciones de salir de casa, en uno de los países del continente que ha tenido uno de los confinamientos más duros y autoritarios, aunque también de los más efectivos. La gente se volcaba, se sentía parte de una comunidad, aplaudía con sus vecinos.

Sin embargo, abrieron las puertas de las calles en mayo y esa solidaridad se convirtió en individualismo. De repente el bien de la comunidad, el de impedir volver atrás y recuperar la normalidad que siempre tuvimos, se desvaneció. El derecho a pisar la terraza y mamarse una cerveza, hacinado y rodeado de personas que hablan fuerte y que no llevan la boca ni la nariz cubierta. El derecho a ir una fiesta en la piscina organizada por un empresario del sector de la hostelería que, aunque de forma lógica defiende su modelo de negocio con tal de no ir a la quiebra, no logra entender que un retroceso y una segunda ola va a provocar que vaya a la quiebra, no sólo su empresa, sino otras de otros sectores que no tengan nada que ver con el suyo.

Los que tomamos medidas somos vistos como los raros. “No te voy a pegar nada”. No sólo se trata de que me peguen nada. Se trata de que yo tampoco lo pegue a nadie. O que me peguen algo y lo pueda ir transmitiendo a más personas en los siguientes días hasta que note síntomas y se pueda detener la transmisión. En definitiva, los que pensamos más en el bien común somos vistos como los raros, por no actuar de forma individualista.

Ya dije hace poco que la estrategia del “yo te protejo, tú me proteges” ha dejado de funcionar en mí, y que prefiero usar mascarillas individuales y “egoístas” (como las llegó a llamar el gobierno) antes que las “solidarias”. Si me veo rodeado de gente que sólo piensa en ellas mismas y no en los demás, tendré que poner barreras adicionales para poder defenderme no sólo a mí, sino también a los demás con los que me pueda juntar.

Cuando empiecen este otoño de nuevo las restricciones, que no espere nadie que vaya a participar de nuevo en la charanga. Esta sociedad me ha demostrado que aunque se le llena la boca de palabras como “comunidad” cuando se trata de criticar a otros, en el momento de la verdad son más individuales todavía que aquellos a quienes critican. Igual será que lo de la cultura de la solidaridad de los países del sur es un mito, y que somos igual de egoístas que aquellos a quienes pretendemos señalar.