Móviles, cajas, cargadores, auriculares

Mi segundo teléfono inteligente de la era moderna fue el Moto G1 en 2014. Un teléfono de la Motorola de 2013, cuya división de móviles era propiedad de Google. Fue un experimento para crear un móvil a precio de gama baja con prestaciones de una gama superior, antes de que otras marcas como Xiaomi o OnePlus lo hicieran. Antes de envejecer fatal, fue un buen teléfono para costar menos de 200 euros.

Para ahorrar costes, la caja del Moto G1 no traía ni auriculares ni cargador. He ido a consultar vídeos de unboxings de la época para comprobar que este dato es correcto. En su momento recuerdo comentarios en redes del tipo «no los vas a necesitar, seguro que ya tienes auriculares y cargadores por casa o que puedes comprar uno».

Mi tercer teléfono inteligente fue el Moto G4+ en 2016. Seguía sin traer auriculares, pero ya me daba igual, porque empezaba a tener mejores auriculares que usar. Traía cargador de pared compatible con Turbo Power. La notificación «Turbo Power conectado» sólo aparecía cuando se ponía a cargar con ese cargador concreto. En otros cargadores, tardaba horas en hacer una carga completa.

Me pregunto si el Moto G4+ hubiese traído cargador si los objetivos de la Motorola de Lenovo hubiesen sido otros. El mercado de móviles de precio bajo ya tenía nuevos competidores. La cuarta generación no buscaba ser un móvil barato, como generaciones anteriores. Además, sin un cargador no se podría presumir de la carga rápida, que empezaba a despegar por entonces.

Me hacen mucha gracia los memes al respecto de la ausencia de cargador y auriculares en el nuevo iPhone 12. Sin embargo, no es un concepto nuevo. Lo he estado viviendo en mis propias carnes en años anteriores. No quiero disculparles por esta decisión. Preveo que otras marcas que ahora ridiculizan esta decisión se subirán al carro dentro de un tiempo. Cuando se cargaron el jack de auriculares analógicos, el resto de marcas se burlaron de esta decisión también, pero a día de hoy muchísimos móviles Android se fabrican sin jack de auriculares. Hoy día esa decisión me duele menos, porque uso auriculares Bluetooth el 99% del tiempo. Pero de vez en cuando me encuentro con el caso en el que poder enchufar unos auriculares analógicos estándar a mi móvil me vendría bien, pero al ser un iPhone 11, eso me es imposible.

MathML en Chromium

Leyendo comentarios en Hacker News el otro día, me enteré que por fin Blink está trabajando en soporte para MathML. Aunque no proceda de Google, sino de un proyecto externo que por supuesto requiere financiación de patrocinadores para poder sobrellevar el esfuerzo.

MathML tiene soporte tanto en Firefox como en Safari, pero como Blink todavía no lo soporta, para el 78,35% de los navegadores web es como si no existiese. (Chrome, Edge, Opera, Brave…). Es otro ejemplo de una valiosa tecnología retenida y secuestrada por culpa de la monocultura tóxica de los navegadores que Google está alentando.

iOS 14 y el descubrimiento de widgets

Los widgets son una de las novedades de iOs 14 y iPadOS 14. Son como los widgets que Android lleva teniendo desde el principio de los tiempos, porque muestran cosas y permiten interactuar con el contenido de una app desde la pantalla de inicio sin llegar a abrir la app.

A diferencia de los widgets de Android, no son todo lo interactivos que podrían ser, y aparentemente es una decisión intencional por parte de Apple que no puedan tener botones concretos dentro del widget, sino que pulsar el widget debe limitarse a abrir la app. (Qué conveniente eran los widgets de Android para controlar el estado del wifi, GPS y silencio antes de que existiese el centro de control en la bandeja de notificaciones…)

Una de las cosas buenas que tienen los widgets de iOS es la uniformidad en su aspecto. Incluso a pesar de que en iOS 14 ahora los usuarios tienen vía libre para personalizar la posición y los iconos de su pantalla de inicio, el aspecto de los widgets no puede ser cualquiera, sino que un widget puede elegir entre tres tamaños fijos: 2×2, 4×2 y 4×4. Además, todos los widgets tienen la misma forma de rectángulo con las esquinas redondeadas, y no son forma libre como podrían haberlo sido en Android.

Una lista de widgets
Widgets disponibles en mi iPad ahora mismo.

Sin embargo, una de las cosas malas es el descubrimiento. Uno puede pensar que cuando se instala una aplicación que trae widgets, cómo pasaba en Android, esos widgets están automáticamente disponibles desde la lista de widgets que sale al personalizar la pantalla de inicio.

Pero es que esto no es así. Para que una aplicación pueda exponer sus widgets, debe ser abierta antes. Esto va en la misma línea de normas como que una aplicación no puede generar notificaciones (ni pedir permiso para generarlas) si nunca ha sido abierta.

El problema es que iOS 14 es relativamente reciente y todavía hay aplicaciones sacando actualizaciones para meter widgets. Cada semana hay una aplicación nueva, y a falta de un sistema fiable en iOS que te anuncie qué aplicaciones han sido recientemente actualizadas, la única forma conveniente es abrir la AppStore y ver la lista de aplicaciones instaladas, donde se ordenan por fecha de ultima actualización. A partir de ahí, puede que algunas aplicaciones anuncien en sus notas de versión que ahora tienen widgets (no todas lo harán), y para las que no lo hagan, abrir una a una cada app y luego ver si han volcado widgets nuevos en el sistema de personalización. ¡Claramente no es conveniente!

Sobre los dark patterns de los modales de cookies

Los diálogos de consentimiento de cookies que tienen algunas páginas web están específicamente diseñados para ser confusos y configurarlos en modo opt-in completo si no se presta demasiada atención dónde se está haciendo clic.

A modo de ejemplo, este es el banner de cookies que muestra Menéame.net. El botón Acepto está coloreado de naranja y es el que más destaca, pero sólo el enlace Más opciones permite cambiar los ajustes de cookies.

Banner de cookies
El botón Acepto está más destacado, pero al pulsarlo se consiente a todo lo que avisa la política de privacidad que hará con las cookies de seguimiento.

Si hago clic en Más opciones puedo cambiar la configuración de cookies permitidas y la configuración de socios autorizados a recibir cookies de seguimiento. Sin embargo, tengo que ser extremadamente cauto con la forma en la que guardo mis opciones.

Modal de cookies
El modal de configuración antes de pulsar Acepto.

El botón más destacado en el modal es Acepto, mientras que el botón Guardar y salir aparece de una forma discreta a su lado. Como es de imaginar, pulsar Acepto enciende de nuevo todos los permisos antes de guardar y cerrar los cambios del modal, por lo que si mecánicamente pulsas ese botón al ser el más visible del modal, no habrá servido de nada y habrás vuelto a activar todas las cookies, como se puede comprobar desde el pie de página del sitio web cuando pulso el enlace Privacidad para volver a desplegar el modal.

Modal de cookies
El modal de configuración después de pulsar Acepto

Todo esto entra en la categoría del diseño deceptivo y los dark patterns. Diseños de interfaz de usuario intencionalmente mal hechos con el fin de confundir a un usuario no experto para forzarlo a tomar decisiones confusas o con las que no pueda estar de acuerdo, como lo de pedir la tarjeta de crédito antes de iniciar una prueba de 30 días de una aplicación no servicio, y suscribirse automáticamente si no se cancela antes de que acabe la prueba.

Sobre el naming peculiar del Apple Pencil

Estoy empezando a ver reviews del nuevo iPad de 8ª generación (el que presentaron el mes pasado) colándose por mis aplicaciones de noticias, y por supuesto les estoy echando un vistazo.

Es un poco pronto para cambiar de iPad. Mi iPad de 6ª generación funciona como el primer día, pero ahora que estoy adoptando un estilo de vida digital “iPad primero, PC después”, considero que es importante estar al día sobre los modelos que tiene a la venta (el normal, el Air y el Pro), para que cuando llegue el momento de hacer un cambio, sepa cuál tiene los casos de uso más aproximados a mi forma de usarlos.

Una de las cosas que más me llama la atención es que el nuevo iPad utiliza un Apple Pencil de 1ª generación, pese a que desde hace bastante tiempo, los modelos de iPad Pro usan un Apple Pencil de 2ª generación.

El Apple Pencil de 1ª generación es completamente cilíndrico, así que si lo sueltas sobre la mesa lo más probable es que ruede. Se carga por Lightning, enchufándolo directamente al puerto Lightning de la tablet. El Apple Pencil de 2ª generación tiene carga inalámbrica y se carga simplemente pegándolo magnéticamente al borde del iPad.

Sin embargo, tampoco entiendo esta estrategia de naming. Llamar 1ª generación y 2ª generación a unos dispositivos que tienen unos ciclos de vida paralelos resulta raro. A priori suena como si el Pencil de 1ª generación estuviese obsoleto, cuando realmente es un dispositivo actualizado y necesario para poder utilizar un Pencil con una tablet más reciente que algunas de las que ya usan un Pencil de 2ª. No sé por qué se han inclinado por esta nomenclatura en vez de llamarlos de otra forma. Apple Pencil A y Apple Pencil B, o Apple Pencil y Apple Pencil Pro. A Apple le gusta mucho jugar con este tipo de naming, estoy convencido que hubiesen sacado algo similar.

Apple Pencil enchufado al puerto Lightning
Una manera de cargarlo un poco peculiar, pero por suerte esta abominación sólo tiene que ser presenciada los 30 minutos que tarda en estar cargado.

Sea como sea, me encanta mi Pencil de 1ª generación. Al principio dudaba sobre si sería una inversión rentable o tirar el dinero en un stylus muy caro, pero claramente esto no es un stylus, es algo más. No sé como funciona y cómo la pantalla sabe cuándo la toco con el dedo o con el lápiz, incluso si lo hago a la vez, pero hace una magia que me gusta mucho.

La edad dorada del modding

Esta semana ha sido noticia la filtración del código fuente de Windows XP (y de otros productos de Microsoft) en internet. Multitud de interesados y periodistas se han metido a mirar en las tripas en busca de tesoros y, por supuesto, los trofeos han tardado poco en salir.

Entre carpetas, han hallado un tema visual para Windows XP basado en el viejo diseño que tenía el primitivo MacOS X de Apple. Este tema es inédito porque nunca vio la luz (se trataría de una versión interna y primitiva, e imagino que el departamento legal ni querría saber nada de él), ya que lo que el resto asociamos a Windows XP es su famoso diseño y colores, Luna.

Captura de pantalla de Windows XP
Luna. (Wikimedia Commons)

Todo esto me hizo recordar los buenos tiempos que nos dejó la década pasada hace tres lustros la personalización. Recuerdo haber tenido que reinstalar mi sistema operativo en multitud de ocasiones después de haber sobado tanto algunas de las DLLs del sistema que ni el propio Windows las reconocía como suyas.

Que Microsoft tuviese su propia versión interna de un tema tipo Aqua es llamativo, porque también es uno de los primeros riceos que recuerdo de mi máquina, tanto en Windows como en Linux, donde las opciones eran aún más grandes. Pero, evidentemente, también recuerdo el Vista Transformation Pack, para aparentar que «no es tan vieja mi máquina, puede parecer moderna». Y, años después y paradojas de la vida, la Clasic Shell para hacer que mi máquina no pareciese tan moderna en los días de Windows 7.

El modding de sistemas operativos y la personalización radical del sistema realmente es una idea tan vieja como los propios sistemas operativos. El Winamp Skin Museum, que apareció en foros hace ahora un par de semanas, es un buen testimonio de las posibilidades de personalización de finales de los 90 a principios de los 2000. O sea, no es una cosa reciente.

Sin embargo, el modding de la década de los 2000s llega en un punto interesante en el que internet se ha expandido lo suficiente como para crear nuevas comunidades en el contexto de las primeras redes sociales. Conexiones a internet más rápidas y más y mejores herramientas de diseño gráfico que lo que había antes. Y a la vez, en esa época los sistemas operativos todavía permitían cierto grado de personalización debido a la falta de restricciones y medidas de seguridad como las que traen hoy en día. En Twitter y Mastodon, la cuenta @osxthemes publica capturas de pantalla con temas para MacOS X, donde también hubo una época en la que esto también era posible.

Hoy en día, la personalización sigue estando ahí, pero cada vez está más arrinconada. Aún hoy, como en los viejos tiempos, siguen existiendo versiones de UXTheme para Windows 10. Sin embargo, tanto Windows como macOS tienen medidas de seguridad mucho más estrictas para impedir que se hagan modificaciones no autorizadas al sistema operativo. Siempre en nombre de la seguridad y de evitar malware, aunque sea a costa de impedirte como administrador de tu ordenador tocar dentro de ciertas carpetas privilegiadas.

Supuestamente, el mundo GNU/Linux sigue siendo más liberal con la modificación, pero la última vez que usé GNOME seguía teniendo que dar demasiados clics para poder escapar de la influencia de Adwaita (a pesar de que haya mejorado muchísimo estéticamente respecto a las primeras versiones). Otros entornos de escritorio opinionados, como Pantheon, también son igual de reservados a la hora de permitir hacer cambios a su interfaz.

Por supuesto, hoy día mis intereses han cambiado y ya no le doy tanta importancia a esto. Cuando tengo que sentarme a trabajar con un ordenador, lo único que quiero es completar mis tareas en la menor cantidad de tiempo. No le presto atención ni al tema que esté usando, ni siquiera a los temas de colores o las tipografías con las que escribo en mis entornos de programación. Sin embargo, no puedo evitar pensar en que he tenido suerte creciendo en una época en la que sí se dieron las condiciones para que, de verme interesado por lo de modificar el aspecto de mi máquina, haya tenido las herramientas y el permiso por parte de mi propia máquina para poder llevar esa creatividad al límite, aunque el precio a pagar fuese tener que formatear el sistema después de casi romperlo.

Hemos corregido errores

Alguien hace bastantes años decidió en Apple que sería estupendo que en la aplicación App Store las aplicaciones del catálogo tuviesen un lugar significativo para explicar a sus usuarios las novedades y cambios que trae una actualización. Por ejemplo, Reeder (mi lector de feeds):

En la sección Novedades, Reeder muestra lo que ha corregido o agregado.

Encuentro insultante la cantidad de aplicaciones no indie que se limitan a mostrar en cada actualización un «hemos corregido problemas» pero no cuentan realmente las novedades. Twitter es un ejemplo de esto:

¿Qué hicimos? ¡Mejoras! ¿Para qué? ¡Para ofrecerte un Twitter cada vez mejor!

Por ejemplo, la semana pasada actualicé a iOS 14 e iPadOS 14. Una de las novedades es permitir cambiar el navegador por defecto que se usa cuando sigues un enlace recibido en chat, email o similares. Descubrí casi por accidente que mi Firefox ya tenía esta función disponible a base de abrir las opciones cada día y ver si ya estaba ahí la opción. Si tuviese que fiarme de las notas de versión que hay en la AppStore, jamás me hubiese enterado:

Las novedades de la supuesta actualización que presuntamente añade una función nueva. Si toco Versiones previas tampoco veo nada diferente a esto.

Lo mismo se puede decir para otras apps como YouTube para iOS. Pago YouTube Premium, lo que me permite escuchar vídeos de YouTube de fondo incluso con la pantalla apagada o mientras miro otras aplicaciones, y estoy esperando la futura actualización que agregará modo PiP, para poder seguir viendo el vídeo en una esquina del iPad o el teléfono mientras miras otras cosas. Me temo que ese día me enteraré antes por los titulares de los sitios web de actualidad que por las notas de versión de la AppStore:

Y todas son así.

🙄