Aerosoles y la excepción de usar mascarilla en el puesto de trabajo

Al menos en la Comunidad de Madrid, uno de los supuestos casos en los que no es obligatorio el uso de mascarilla es cuando se está sentado en el puesto de trabajo habiendo distancia de seguridad con otros empleados y usuarios:

4. La obligación de uso de mascarilla no será exigible en los siguientes casos:

f) En los centros de trabajo exclusivamente cuando los trabajadores permanezcansentados en su puesto de trabajo siempre que se pueda garantizar la distancia deseguridad interpersonal de, al menos, 1,5 metros con otros trabajadores y/o usuarios de las instalaciones.

Artículo 1 de la Orden 920/2020 del 28 de julio (PDF).

La ciencia sigue avanzando en la dirección de que la COVID-19 se propaga mediante aerosoles, incluso aunque se cumpla la distancia de seguridad. De ser así, me pregunto si en algún momento se plantearán modificar las normativas en las que haya una excepción similar a esta para empezar a obligar su uso en interiores. Si la tesis del aerosol es cierta, estar en tu puesto de trabajo sin nadie cerca no te libra de emitir aerosoles. En las oficinas con peores sistemas de ventilación podría ser un peligro.

Individualismo

Uno de los tópicos que más se cuentan por esta zona es el de que los habitantes de los países del norte de Europa son fríos, grises y, sobre todo, individuales. Se dice que esto contrasta muchísimo con los del sur, que son más de compartir, más de sentirse en una comunidad, de ser solidarios, y todo eso. Sin embargo, con las noticias de los últimos meses, empiezo a ponerlo en duda.

Durante el primer confinamiento, se usaba el término “héroes” para describir a los ciudadanos que se quedaban en su casa. Héroe por acatar las prohibiciones de salir de casa, en uno de los países del continente que ha tenido uno de los confinamientos más duros y autoritarios, aunque también de los más efectivos. La gente se volcaba, se sentía parte de una comunidad, aplaudía con sus vecinos.

Sin embargo, abrieron las puertas de las calles en mayo y esa solidaridad se convirtió en individualismo. De repente el bien de la comunidad, el de impedir volver atrás y recuperar la normalidad que siempre tuvimos, se desvaneció. El derecho a pisar la terraza y mamarse una cerveza, hacinado y rodeado de personas que hablan fuerte y que no llevan la boca ni la nariz cubierta. El derecho a ir una fiesta en la piscina organizada por un empresario del sector de la hostelería que, aunque de forma lógica defiende su modelo de negocio con tal de no ir a la quiebra, no logra entender que un retroceso y una segunda ola va a provocar que vaya a la quiebra, no sólo su empresa, sino otras de otros sectores que no tengan nada que ver con el suyo.

Los que tomamos medidas somos vistos como los raros. “No te voy a pegar nada”. No sólo se trata de que me peguen nada. Se trata de que yo tampoco lo pegue a nadie. O que me peguen algo y lo pueda ir transmitiendo a más personas en los siguientes días hasta que note síntomas y se pueda detener la transmisión. En definitiva, los que pensamos más en el bien común somos vistos como los raros, por no actuar de forma individualista.

Ya dije hace poco que la estrategia del “yo te protejo, tú me proteges” ha dejado de funcionar en mí, y que prefiero usar mascarillas individuales y “egoístas” (como las llegó a llamar el gobierno) antes que las “solidarias”. Si me veo rodeado de gente que sólo piensa en ellas mismas y no en los demás, tendré que poner barreras adicionales para poder defenderme no sólo a mí, sino también a los demás con los que me pueda juntar.

Cuando empiecen este otoño de nuevo las restricciones, que no espere nadie que vaya a participar de nuevo en la charanga. Esta sociedad me ha demostrado que aunque se le llena la boca de palabras como “comunidad” cuando se trata de criticar a otros, en el momento de la verdad son más individuales todavía que aquellos a quienes critican. Igual será que lo de la cultura de la solidaridad de los países del sur es un mito, y que somos igual de egoístas que aquellos a quienes pretendemos señalar.

Yo te protejo, tú me proteges

Ayer me llegaron las mascarillas FFP2 que pedí durante el fin de semana por internet. Por el momento, he comprado sólo 5 porque con el pedido de higiénicas anterior que hice a principios de mayo (antes de que empezasen a obligar su uso), he visto que duran más de lo que pensaba (salir menos de casa de lo esperado, dejarlas colgadas si no han acumulado las horas máximas de uso).

A principios de mayo compré mascarillas higiénicas. Las azules. Las de origami. Las económicas. En su momento pensé que sería suficiente. Impiden que, en el caso de que tenga el bicho, el bicho salga de mí, pero no impiden que el bicho me entre si me acerco a una persona que lo tiene. “Pero se supone que funcionaría cuando todo el mundo lleva una”. Después de tres meses, considero que fue un error por mi parte pensar que todo el mundo participaría en esto.

Siempre soy yo el que tiene que bajarse de una acera cuando de frente veo una persona egoísta, nunca son los demás quienes se bajan. Durante estos meses, he probado distintas cosas con las personas que me cruzo en la calle que no llevan mascarilla o no la llevan correctamente. Mirar mal a los ojos, apartarse de forma descarada. Cuando hago deporte, hacer gestos con la mano para pedirles que se aparten. Incluso toser cerca, pero es que ni siquiera esto funciona.

Todo esto siempre sin decirles directamente nada, porque la gente está muy crispada y se puede volver violenta si les dices nada, como pasó en Francia y en menor parte en País Vasco durante el mes de julio. Sobre todo los adolescentes. Resulta irónico que encuentren estúpido portar una mascarilla pero no colgarse una riñonera del cuello o teñirse el pelo de colores raros.

Otro día hablo de lo que vi directamente el otro día cuando bajé a Madrid, pero va en esta línea también.

De modo que, sí, fue un error por mi parte pensar que la estrategia del yo te protejo, tú me proteges valdría para algo. Si nadie me va a proteger a mí, creo que lo justo es que pase a usar las egoístas FFP2 (LaSexta dixit) y empiece a preocuparme más por mí que por el resto.