Hemos corregido errores

Alguien hace bastantes años decidió en Apple que sería estupendo que en la aplicación App Store las aplicaciones del catálogo tuviesen un lugar significativo para explicar a sus usuarios las novedades y cambios que trae una actualización. Por ejemplo, Reeder (mi lector de feeds):

En la sección Novedades, Reeder muestra lo que ha corregido o agregado.

Encuentro insultante la cantidad de aplicaciones no indie que se limitan a mostrar en cada actualización un «hemos corregido problemas» pero no cuentan realmente las novedades. Twitter es un ejemplo de esto:

¿Qué hicimos? ¡Mejoras! ¿Para qué? ¡Para ofrecerte un Twitter cada vez mejor!

Por ejemplo, la semana pasada actualicé a iOS 14 e iPadOS 14. Una de las novedades es permitir cambiar el navegador por defecto que se usa cuando sigues un enlace recibido en chat, email o similares. Descubrí casi por accidente que mi Firefox ya tenía esta función disponible a base de abrir las opciones cada día y ver si ya estaba ahí la opción. Si tuviese que fiarme de las notas de versión que hay en la AppStore, jamás me hubiese enterado:

Las novedades de la supuesta actualización que presuntamente añade una función nueva. Si toco Versiones previas tampoco veo nada diferente a esto.

Lo mismo se puede decir para otras apps como YouTube para iOS. Pago YouTube Premium, lo que me permite escuchar vídeos de YouTube de fondo incluso con la pantalla apagada o mientras miro otras aplicaciones, y estoy esperando la futura actualización que agregará modo PiP, para poder seguir viendo el vídeo en una esquina del iPad o el teléfono mientras miras otras cosas. Me temo que ese día me enteraré antes por los titulares de los sitios web de actualidad que por las notas de versión de la AppStore:

Y todas son así.

🙄

Reboot

Al final, la casualidad ha hecho que el Dani de 2020 siga teniendo bastantes cosas en común con el Dani de 2010. Salir poco de casa, tener un profundo odio por el gobierno, y un gusto por auto-torturarse con WordPress difícil de entender.

– Yo mismo, anoche a la 1:00 mientras terminaba de meter reglas en el Traefik de danirod.es.

Pues finalmente he hecho un reboot a mi sitio web y he empezado de cero. Es una sensación parecida a como cuando en clase tocaba estrenar cuaderno. Tengo un lienzo en blanco, y ahora hay que rellenarlo con cosas.

Para esta etapa, he cambiado el software de mi web y ahora escribo con WordPress. Ha evolucionado mucho en estos cinco años y tengo curiosidad por probar las novedades. Si viese que me da demasiados problemas, me desharía de él y volvería a algo como lo de antes. Yo lo único que quiero es no complicarme la vida; me da igual el software que haga funcionar mi página web.

Ahora una pequeña nota al pie técnica para interesados: ¿por qué? ¿acaso ya no me gusta Jekyll, el software que usaba hasta ahora para mantener mi web? Sí, me gusta, y funciona estupendamente. El problema con la antigua web era más mío que del software. Hace un par de años empecé a llenar el blog de cosas que no eran artículos, como fotos, vídeos, hasta estadísticas de mis entrenamientos. Todos estos extras estaban montados casi con cinta adhesiva metiendo docenas de plantillas y hacks en el sitio web. Pero la cinta adhesiva a veces tiene estas cosas: que se despega. Y muchas veces algo que debía tomar dos minutos, como puede ser etiquetar y subir una foto al blog, toma tres horas porque he encontrado un error nuevo; eso cuando decido sentarme a arreglarlo y no desisto directamente.

Entonces, aunque sigo metido en esta etapa post-redes sociales en la que el objetivo es dejar de alimentar los engranajes de Twitter y redes similares y ser mi propia república independiente en internet, voy a intentar limitarme con lo que escribo en mi sitio web a cosas sencillas que sepa que van a funcionar siempre. Porque, de nuevo, yo lo único que quiero es no complicarme la vida.

Individualismo

Uno de los tópicos que más se cuentan por esta zona es el de que los habitantes de los países del norte de Europa son fríos, grises y, sobre todo, individuales. Se dice que esto contrasta muchísimo con los del sur, que son más de compartir, más de sentirse en una comunidad, de ser solidarios, y todo eso. Sin embargo, con las noticias de los últimos meses, empiezo a ponerlo en duda.

Durante el primer confinamiento, se usaba el término “héroes” para describir a los ciudadanos que se quedaban en su casa. Héroe por acatar las prohibiciones de salir de casa, en uno de los países del continente que ha tenido uno de los confinamientos más duros y autoritarios, aunque también de los más efectivos. La gente se volcaba, se sentía parte de una comunidad, aplaudía con sus vecinos.

Sin embargo, abrieron las puertas de las calles en mayo y esa solidaridad se convirtió en individualismo. De repente el bien de la comunidad, el de impedir volver atrás y recuperar la normalidad que siempre tuvimos, se desvaneció. El derecho a pisar la terraza y mamarse una cerveza, hacinado y rodeado de personas que hablan fuerte y que no llevan la boca ni la nariz cubierta. El derecho a ir una fiesta en la piscina organizada por un empresario del sector de la hostelería que, aunque de forma lógica defiende su modelo de negocio con tal de no ir a la quiebra, no logra entender que un retroceso y una segunda ola va a provocar que vaya a la quiebra, no sólo su empresa, sino otras de otros sectores que no tengan nada que ver con el suyo.

Los que tomamos medidas somos vistos como los raros. “No te voy a pegar nada”. No sólo se trata de que me peguen nada. Se trata de que yo tampoco lo pegue a nadie. O que me peguen algo y lo pueda ir transmitiendo a más personas en los siguientes días hasta que note síntomas y se pueda detener la transmisión. En definitiva, los que pensamos más en el bien común somos vistos como los raros, por no actuar de forma individualista.

Ya dije hace poco que la estrategia del “yo te protejo, tú me proteges” ha dejado de funcionar en mí, y que prefiero usar mascarillas individuales y “egoístas” (como las llegó a llamar el gobierno) antes que las “solidarias”. Si me veo rodeado de gente que sólo piensa en ellas mismas y no en los demás, tendré que poner barreras adicionales para poder defenderme no sólo a mí, sino también a los demás con los que me pueda juntar.

Cuando empiecen este otoño de nuevo las restricciones, que no espere nadie que vaya a participar de nuevo en la charanga. Esta sociedad me ha demostrado que aunque se le llena la boca de palabras como “comunidad” cuando se trata de criticar a otros, en el momento de la verdad son más individuales todavía que aquellos a quienes critican. Igual será que lo de la cultura de la solidaridad de los países del sur es un mito, y que somos igual de egoístas que aquellos a quienes pretendemos señalar.

Se acabó Twitter

Este post fue publicado originalmente como un hilo en mi cuenta de Twitter después de tener desactivada la cuenta durante 29 días.

Durante mis vacaciones, desactivé mi cuenta de Twitter como parte de un minimalismo digital. Ahora, 30 días después, la reactivo. Estoy bien, espero que ustedes también. No me siento cómodo en esta app. Mucho odio y desinformación, y cansa taparse la nariz todo el rato.

Mi configuración de Twitter es estricta. Tengo puestas las Tendencias de otro país para no entenderlas ni leerlas. Sólo sigo temas nicho de mi interés y silencio lo demás. Aun así, he visto odio y desinformación permear mi burbuja, afectando a gente que sigo, leo y admiro.

Esta cuenta de Twitter está inactiva y sin notificaciones. No me voy a enterar si me mencionas por aquí. Hice cambios técnicos a mi blog para poder escribir desde mi iPad, sin necesitar portátil. Cuando acabe un proyecto que tengo entre manos, escribiré con más frecuencia.

@danirod93

Yo te protejo, tú me proteges

Ayer me llegaron las mascarillas FFP2 que pedí durante el fin de semana por internet. Por el momento, he comprado sólo 5 porque con el pedido de higiénicas anterior que hice a principios de mayo (antes de que empezasen a obligar su uso), he visto que duran más de lo que pensaba (salir menos de casa de lo esperado, dejarlas colgadas si no han acumulado las horas máximas de uso).

A principios de mayo compré mascarillas higiénicas. Las azules. Las de origami. Las económicas. En su momento pensé que sería suficiente. Impiden que, en el caso de que tenga el bicho, el bicho salga de mí, pero no impiden que el bicho me entre si me acerco a una persona que lo tiene. “Pero se supone que funcionaría cuando todo el mundo lleva una”. Después de tres meses, considero que fue un error por mi parte pensar que todo el mundo participaría en esto.

Siempre soy yo el que tiene que bajarse de una acera cuando de frente veo una persona egoísta, nunca son los demás quienes se bajan. Durante estos meses, he probado distintas cosas con las personas que me cruzo en la calle que no llevan mascarilla o no la llevan correctamente. Mirar mal a los ojos, apartarse de forma descarada. Cuando hago deporte, hacer gestos con la mano para pedirles que se aparten. Incluso toser cerca, pero es que ni siquiera esto funciona.

Todo esto siempre sin decirles directamente nada, porque la gente está muy crispada y se puede volver violenta si les dices nada, como pasó en Francia y en menor parte en País Vasco durante el mes de julio. Sobre todo los adolescentes. Resulta irónico que encuentren estúpido portar una mascarilla pero no colgarse una riñonera del cuello o teñirse el pelo de colores raros.

Otro día hablo de lo que vi directamente el otro día cuando bajé a Madrid, pero va en esta línea también.

De modo que, sí, fue un error por mi parte pensar que la estrategia del yo te protejo, tú me proteges valdría para algo. Si nadie me va a proteger a mí, creo que lo justo es que pase a usar las egoístas FFP2 (LaSexta dixit) y empiece a preocuparme más por mí que por el resto.

¿Qué dices que has hecho estas vacaciones?

Estaremos de acuerdo en que el verano de 2020 va a ser recordado como el verano más raro que hayamos tenido en años. Al menos para las personas responsables, no para las que se vuelven a comportar como si nada de lo que hubiese pasado estos meses haya sido real. De cualquier modo, un año tan mediocre a nivel emocional, en el que todas las expectativas que me puse a finales de 2019 han quedado desvanecidas, merecía unas vacaciones aburridas a su altura.

Este semestre, en vez de centrar mis vacaciones en los demás, o en mí pero a nivel profesional, mirando cómo cultivarme mejorando mis habilidades como desarrollador, las he invertido en mí a nivel emocional. Después del caos de los últimos meses, lo que más busco son maneras de mantenerme calmado y relajado.

He aprovechado las vacaciones para romper mi cuarentena y encontrarme de nuevo con amigos. Chocando codos en reuniones pequeñas, eso sí. El dónde daba igual (siempre que fuese en la calle, claro). Me gustaría poder venir presumiendo de no haber pisado una terraza en esta quincena, pero no va a ser así. Al menos sólo ha ocurrido una vez y de manera responsable. Dudo que sea eficaz lo de quitarse la mascarilla por el asa sólo cuando estás bebiendo, en términos de estar tocándola, pero he cumplido con lo de llevarla puesta mientras la bebida estaba en la mesa y no en mi mano. Algo que de forma preocupante no veo que todo el mundo haga.

En cuanto a lo demás, ,lo que he buscado estas vacaciones ha sido simplificar estímulos digitales. Lo podríamos llamar menos es más. Estamos rodeados de pantallas que suenan, vibran y muestran mensajes todo el tiempo. Eso tiene efectos positivos (como hemos visto este año cuando ha sido la única manera de hablar con gente), pero también efectos negativos (como la sobreexposición a información de no mucha calidad).

Captura de pantalla de la aplicación Tiempo de uso
Una captura de pantalla de la aplicación Tiempo de Uso mostrando datos de hace un par de semanas, sólo de mi teléfono móvil.

Me he quitado cosas nocivas, en las que se gasta mucho tiempo en algo que realmente no aporta demasiado, para volver a llenar el hueco que dejan con cosas que aporten más valor.

En cuanto a los menos, a por lo que he ido es a por las redes sociales fundamentalmente. He desactivado mi cuenta de Twitter personal, y he cambiado la biografía de mi cuenta de Twitter del canal para avisar que no iba a mirar notificaciones. (Mi intención no es perder la cuenta, de todos modos, así que antes de que pasen los 30 días que te da Twitter para arrepentirte, la volveré a activar.)

Han caído muchas aplicaciones de mis pantallas. Fuera Twitter, fuera YouTube Studio, fuera comentarios de YouTube. En cuanto a Instagram, pese a que hace unos meses que no cargo contenido ni veo fotos, sigo usándola para hablar con amigos mediante DM. En su lugar, la he quitado y he puesto un atajo en mi navegador web que me lleva a los mensajes privados en su versión web. En esta versión web no sale el contador de notificaciones nuevas, así que es un doble win.

He cerrado sesión en GitHub y puedo decir que no ha habido commits durante estas dos semanas de vacaciones. Esta es la parte curiosa, porque en otras ocasiones, mis vacaciones también hubiesen sido el momento de improvisar proyectos nuevos que tampoco hubiesen sido terminados nunca. ¿Por qué esperar a abandonarlos a medio hacer cuando puedes abandonarlos sin hacer?

Una vez reducidas cosas, he empezado a meter otras. Principalmente leer libros y artículos que llevaban en mi lista de “ver más tarde” un tiempo, escuchar todos esos podcasts que no escuchaba desde marzo, cuando dejar de ir a la oficina se cargó mi rutina de escuchar podcasts en el transporte público; y vaciar el resto de listas de cosas para ver más tarde. A veces consumiendo el contenido, otras veces asumiendo que nunca lo veré y eliminándolo para siempre.

He curado aun más la lista de sitios web a los que estoy suscrito en mi aplicación RSS, eliminando algún que otro sitio y metiendo alguno nuevo. He decidido meter en mi lector RSS suscripciones a sitios web de actualidad, que es algo que no hacía desde hace 10 años (los tiempos de Google Reader). He sido muy estricto con lo que he metido en la carpeta de Actualidad, me he asegurado de no cometer el error de meter sitios web muy sectarios, ni de que todos los sitios estén alineados en el mismo lugar de la balanza política. Aun así, sospecho que alguno acabará cayendo de la lista más pronto que tarde.

He hecho algunos cambios a nivel técnico en mi blog porque quiero asegurarme que escribo con más frecuencia. Esto es más que por sacar el lado creativo, es porque escribir bien es un hábito difícil de conservar y tengo la impresión de que lo estoy perdiendo si no lo cuido. Otro día hablo a nivel más técnico de qué he tocado, pero se resume en que he cambiado cosas para facilitarme el escribir contenido y publicarlo de forma automática usando mi iPad, sin tener que ejecutar programas complicados para procesar cada artículo. Este artículo ya se está escribiendo y publicando desde el iPad, por ejemplo.

Hoy ha sido un día de ponerse al día en la vuelta de vacaciones. He marcado mucho correo como leído sin leerlo en realidad (notificaciones automáticas, newsletters atrasadas que no he considerado leer, invitaciones a reuniones que han ocurrido en mi ausencia). Pero lo bueno es que mi concentración y productividad ha sido mucho mejor que antes de vacaciones. Estaría bien aprovechar la inercia que he ganado simplificando cosas durante estas vacaciones y poder arrastrar esas mejoras durante bastante tiempo.

Sobre la desescalada

Este post fue originalmente publicado como un hilo en Twitter.

Primera vez en mes y medio que me atrevo a hacer deporte a esta hora. Podría esperar a mañana y salir a las 6, como aún hago, para no cruzarme con nadie pero me han llegado deportivas nuevas hoy y tengo ganas de estrenarlas ya. No todos estamos igual de tranquilos desconfinando.

Dos horas después:

Wow, sigue habiendo la misma cantidad de irresponsables por la calle que el día que dije que se acababa lo de salir a la calle para pasar miedo. Seguid así.

De lo de seguir teniendo que parar cada pocos kilómetros a tomar aire mejor no hablo, ¿no? Corrí 21 km. del tirón en enero. En julio, tras 2 meses recuperando forma, me sigue faltando el aire a partir del kilómetro 4. Corro para intentar animarme pero vuelvo a casa desolado.